Mientras organizaciones extranjeras movilizan eventos, debates y actividades culturales sobre la identidad africana, muchas instituciones locales siguen ausentes en la promoción activa del panafricanismo y la conciencia cultural continental.
Por Silvia Sinforosa Obono
Cada 25 de mayo, el continente africano celebra el Día de África, una fecha que simboliza la unidad, la identidad, la soberanía y la lucha histórica de los pueblos africanos por su emancipación. En Guinea Ecuatorial, este año las actividades conmemorativas han vuelto a estar impulsadas por una organización extranjera: la agencia rusa Iniciativa Africana, que ha organizado eventos culturales en el Centro Cultural Ecuatoguineano de Malabo.
La pregunta no debería generar incomodidad, sino reflexión:
¿Cómo es posible que seamos los propios africanos quienes permanezcamos en segundo plano mientras otros vienen a organizarnos nuestras celebraciones africanas?
No se trata de rechazar la cooperación internacional ni de atacar a quienes muestran interés por África. Toda colaboración cultural puede ser positiva cuando existe respeto mutuo. El verdadero debate está en otro lugar: la ausencia de liderazgo local en la promoción constante de nuestra propia identidad cultural y panafricana.
África posee una de las mayores riquezas culturales del mundo. Guinea Ecuatorial cuenta con intelectuales, artistas, jóvenes creativos, asociaciones culturales, historiadores, músicos y comunicadores capaces de organizar grandes celebraciones africanas con identidad propia. Sin embargo, cada año se observa una dependencia creciente de iniciativas externas para impulsar actividades que deberían nacer de nuestras propias instituciones culturales, universidades, organizaciones juveniles y medios africanos.
Esto revela un problema más profundo: hemos dejado de invertir seriamente en la construcción de una conciencia cultural africana liderada por africanos.
Resulta paradójico que muchas veces las ideas panafricanistas, los debates sobre soberanía cultural o incluso las celebraciones del Día de África reciban más impulso desde actores extranjeros que desde nuestras propias estructuras nacionales y continentales. Mientras otros entienden el valor geopolítico y cultural de África, muchos africanos seguimos tratando nuestra cultura como algo secundario.
La crítica no debe dirigirse únicamente hacia quienes organizan estos eventos, sino hacia nosotros mismos. ¿Dónde están nuestras organizaciones culturales africanas? ¿Dónde están los grandes foros juveniles permanentes sobre identidad africana? ¿Dónde están las inversiones reales en pensamiento panafricanista, arte africano y diplomacia cultural propia?
Si una organización rusa puede movilizar recursos, coordinación y visibilidad para celebrar el Día de África en Malabo, entonces también deberían poder hacerlo nuestras instituciones locales, nuestras empresas nacionales y nuestras organizaciones juveniles.
El Día de África no puede convertirse únicamente en una actividad protocolaria o en un espacio donde actores externos ocupen el vacío que nosotros mismos hemos dejado. Debe ser una oportunidad para reafirmar nuestra autoestima cultural, nuestra capacidad organizativa y nuestra soberanía intelectual.
África necesita cooperación internacional, sí. Pero también necesita recuperar la iniciativa sobre su propia narrativa.
Porque celebrar África sin liderazgo africano debería preocuparnos a todos.