Un crecimiento sostenido del sector agrícola y el impulso del Corredor de Lobito consolidan la diversificación económica del segundo mayor productor de crudo de África.
Luanda — Durante décadas, la economía de Angola giró en torno a una sola materia prima: el petróleo. Como segundo mayor productor de crudo del continente, el país vivió al ritmo de la volatilidad de los precios internacionales y sufrió los efectos clásicos de la “enfermedad holandesa”: dependencia de las importaciones y escasa diversificación productiva.
Esa lógica ha empezado a romperse. Según datos presentados por el ministro de Estado para la Coordinación Económica, José de Lima Massano, en una entrevista con The Africa Report, la agricultura ya representa cerca del 25 % del Producto Interior Bruto (PIB), superando al sector petrolero, cuya participación se sitúa en torno al 15 %. Hace una década, el peso de la agricultura apenas superaba el 14 %.
Crecimiento no petrolero y estabilización macroeconómica
El petróleo y el gas siguen siendo la principal fuente de divisas y de ingresos fiscales. Sin embargo, el dinamismo interno de la economía proviene ahora del sector no petrolero, que ha crecido por encima del 5 % anual en los últimos dos años y alcanzó un pico del 7,2 % en el último trimestre de 2025.
Este cambio se refleja en varios indicadores clave:
- Inflación a la baja. El aumento de la producción local de alimentos ha contribuido a estabilizar los precios. La inflación, que se situaba en niveles de dos dígitos (alrededor del 13 %), ha iniciado una senda descendente, con el objetivo gubernamental de llevarla a un solo dígito.
- Empleo e impacto social. La tasa de desempleo se ha reducido hacia niveles cercanos al 20 %, mientras que los índices de inseguridad alimentaria se han casi reducido a la mitad en la última década.
El Corredor de Lobito como eje estratégico
Para consolidar este modelo, Angola apuesta por infraestructuras de alto impacto como el Corredor de Lobito. Esta arteria ferroviaria y logística conecta el puerto atlántico de Lobito con la República Democrática del Congo y, en el futuro, con Zambia. Más allá del transporte de minerales, el corredor se concibe como un eje de desarrollo rural: facilita la salida de productos agrícolas hacia mercados regionales e internacionales y genera oportunidades de inversión en agroindustria, almacenamiento y cadenas de valor.
Retos pendientes y compromiso oficial
El Gobierno reconoce que aún quedan ajustes importantes, especialmente en materia de subsidios y de atracción de inversión privada no petrolera. Aun así, reitera su apuesta por un crecimiento inclusivo que aproveche el potencial de las tierras cultivables, los recursos hídricos y la población joven del país.
La transformación no elimina la dependencia del petróleo en las exportaciones ni en las cuentas públicas, pero sí marca un punto de inflexión: por primera vez en décadas, la agricultura lidera la estructura productiva interna de Angola. El reto ahora es convertir este cambio estadístico en una economía más resiliente y menos vulnerable a los choques externos.