Nuestro país ha dicho basta. Ni por dinero, ni por presión, ni por supuesta “cooperación internacional” vamos a permitir que conviertan Kenia en el basurero sanitario de Estados Unidos.
Nairobi, 29 de mayo de 2026 — Hoy es un día de orgullo para todo keniano. La Alta Corte de Kenia ha hecho lo correcto: ha congelado de inmediato el controvertido plan del gobierno estadounidense de Donald Trump para establecer un centro de cuarentena de Ébola en nuestro territorio.
Cuando el gobierno keniano dio luz verde para traer a pacientes expuestos al Ébola desde la República Democrática del Congo, el pueblo dijo ¡NO! Y lo dijo fuerte.
Kenya is not a dumping ground!
Este es el mensaje que ha resonado en las calles, en las redes y en los tribunales. ¿Por qué Estados Unidos no quiere traer a sus propios ciudadanos expuestos al virus de vuelta a casa, pero sí considera seguro enviarlos a Kenia? Si el riesgo es demasiado alto para los estadounidenses, ¿por qué habría de ser aceptable para nuestros hijos, nuestras familias y nuestras comunidades?
La Law Society of Kenya y los principales sindicatos médicos han demostrado una vez más que son la verdadera voz del pueblo. Gracias a su acción rápida y decidida, la Alta Corte intervino y detuvo este peligroso acuerdo. No se trata de ser antiamericanos. Se trata de defensa de nuestra soberanía y de la salud de nuestro pueblo.
Ya basta de doble rasero
Durante décadas hemos visto cómo las grandes potencias tratan a África como su patio trasero: prueban medicamentos, descargan residuos tóxicos, realizan experimentos y, cuando les conviene, nos piden “solidaridad” mientras ellos se protegen.
Esta vez dijimos basta.
Kenia tiene sus propios desafíos: malaria, tuberculosis, desnutrición y un sistema sanitario que aún necesita mucha inversión. No podemos permitirnos el lujo de importar un virus tan letal como el Ébola solo porque a Estados Unidos no le conviene asumir su responsabilidad.
Orgullo keniano
Este no es solo un triunfo legal. Es un triunfo moral y de dignidad. Muestra que el pueblo keniano, cuando se une —abogados, médicos, ciudadanos de a pie—, puede detener incluso las decisiones de las superpotencias.
Hoy le recordamos al mundo entero:
Kenia es una nación soberana, no un vertedero de riesgos sanitarios ajenos.
Exigimos que nuestro gobierno priorice siempre los intereses del pueblo keniano por encima de cualquier presión externa. Y le decimos a Estados Unidos con respeto pero con firmeza:
Llévense sus pacientes a casa. Kenya is not a dumping ground.
El pueblo keniano ha hablado. Y esta vez, nos han escuchado.