Washington retira sus últimas fuerzas y sistemas Patriot de Erbil ante la presión constante de misiles y drones respaldados por Irán
El Ejército de Estados Unidos ha iniciado la retirada definitiva de sus últimas tropas estacionadas cerca del Aeropuerto Internacional de Erbil, en el Kurdistán iraquí. El movimiento, que comenzó la semana pasada, se produce en medio de una oleada sostenida de ataques con misiles y drones lanzados por fuerzas e milicias respaldadas por Irán, que han convertido la posición estadounidense en un objetivo cada vez más costoso y vulnerable.
Según fuentes cercanas al proceso, la mayor parte del personal y el equipo pesado ya ha salido de la base. Washington ha retirado por completo sus sistemas de defensa antiaérea Patriot, que hasta ahora interceptaban la gran mayoría de los proyectiles dirigidos contra la zona. Esos sistemas, capaces de derribar misiles y drones, eran el principal escudo protector tanto para las tropas estadounidenses como para las instalaciones kurdas cercanas.
Aunque el Gobierno iraquí y oficiales regionales presentan el repliegue como parte del acuerdo bilateral que fija el 30 de septiembre como fecha límite para la salida completa de las fuerzas convencionales estadounidenses, el contexto de los ataques constantes de Irán y sus proxies ha acelerado y condicionado el proceso. Erbil ha sido objeto reiterado de ofensivas, y los sistemas Patriot habían logrado interceptar al menos el 95 % de las amenazas, según las mismas fuentes.
La retirada de los Patriot deja a la región kurda más expuesta. Líderes locales expresan preocupación por la vulnerabilidad que se abre tras la salida de las tropas norteamericanas, especialmente en un momento de alta tensión regional. Mientras tanto, los activos defensivos estadounidenses se están redirigiendo hacia otras ubicaciones en Jordania y el Golfo.
El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) ha evitado hacer comentarios públicos sobre los movimientos tácticos. Sin embargo, el mensaje que deja el repliegue es claro: la presión militar constante de Irán y sus aliados ha obligado a Washington a acelerar la salida de una de sus últimas posiciones relevantes en Irak, marcando el final de una presencia militar convencional que se remonta a 2003.