La estrategia “América Primero” en África
La estrategia “América Primero” en África ha expuesto una profunda hipocresía en el discurso antiimperialista de los gobiernos de Burkina Faso, Niger y Mali, miembros de la Alliance of Sahel States (AES).
Estos regímenes militares han construido su legitimidad interna denunciando el «neocolonialismo» occidental —especialmente francés y europeo—, expulsando tropas extranjeras, rompiendo acuerdos militares y promoviendo una soberanía radical frente a influencias externas.
Sin embargo, la realidad pragmática los ha llevado a firmar acuerdos con Estados Unidos bajo la política “America First”, impulsada por Donald Trump, que vinculan financiación sanitaria a concesiones sensibles: acceso a datos biométricos y epidemiológicos de sus poblaciones, y en algunos casos, facilidades para minerales críticos esenciales para la tecnología y la defensa estadounidense.
La contradicción central: Burkina Faso, Níger y Mali firman con Washington
A pesar de su retórica antioccidental, estos tres países han optado por acuerdos bilaterales con la administración Trump que priorizan intereses estadounidenses:
- Burkina Faso firmó en febrero de 2026 un memorando de entendimiento (MOU) de cinco años por hasta 147 millones de dólares estadounidenses, con compromisos de cofinanciación local de alrededor de 107 millones. El acuerdo fortalece la vigilancia de enfermedades, digitaliza datos de salud y mejora la detección de patógenos —incluyendo el intercambio de información sensible—. Este pacto llega en un contexto donde el gobierno militar ha expulsado a fuerzas francesas y rusas compiten por influencia, pero Washington logra penetrar con «ayuda humanitaria» que incluye modernización de sistemas de datos.
- Niger se convirtió en el segundo miembro de la AES en firmar, con un acuerdo de 128 millones de dólares (107 millones de EE.UU. y 71 millones locales). Similar a Burkina Faso, enfatiza la vigilancia epidemiológica y respuesta a brotes, con énfasis en compartir datos para prevenir amenazas que podrían llegar a territorio estadounidense.
- Mali, aunque no ha firmado un MOU de salud idéntico hasta la fecha (marzo 2026), ha recibido acercamientos diplomáticos intensos de Washington, incluyendo visitas de alto nivel para «resetear» relaciones y explorar cooperación en seguridad y economía. El país, rico en litio y otros minerales, enfrenta presiones similares en un contexto de minerales estratégicos.
Estos pactos forman parte de una ola más amplia: al menos 18-24 países africanos han firmado MOUs bajo la America First Global Health Strategy, con compromisos totales cercanos a 20 mil millones de dólares (2026-2030).
Pero en el Sahel, donde la AES se presenta como baluarte soberanista contra Occidente, la adhesión de Burkina Faso y Níger resalta la brecha entre ideología y necesidad.
La paradoja del antiimperialismo selectivo
La Alliance of Sahel States se fundó en 2023 como alternativa a Economic Community of West African States y al «imperialismo occidental», con énfasis en romper dependencias externas. Sus líderes han usado el discurso antiimperialista para justificar golpes de Estado y consolidar poder interno.
Sin embargo:
- Aceptan fondos estadounidenses condicionados a compartir datos sensibles (epidemiológicos, biométricos y de patógenos), que podrían usarse para ventajas comerciales o de inteligencia de EE.UU.
- En un continente rico en cobalto (Democratic Republic of the Congo), cobre (Zambia), litio y otros minerales críticos, los acuerdos de salud a menudo se vinculan implícita o explícitamente a accesos mineros —como en casos de Guinea o RDC, precedidos por MOUs minerales—.
- Mientras expulsan a Francia y critican a Occidente, negocian con la potencia que impulsa la competencia global por recursos para baterías, IA y energías renovables.
Esta dualidad revela una constante en la política africana: el antiimperialismo como herramienta retórica para movilizar apoyo interno, pero el pragmatismo económico como práctica real.
La financiación sanitaria es vital en regiones con sistemas frágiles y amenazas jihadistas, y rechazarla podría agravar crisis humanitarias. Pero aceptar condiciones intrusivas socava la soberanía que proclaman defender.
Divisiones en África y el fracaso de la coherencia de la AES
Mientras Zimbabwe y Zambia han rechazado o retrasado acuerdos por considerarlos desequilibrados e intrusivos (acceso a datos médicos y minerales), y Kenya tiene uno suspendido por un tribunal por preocupaciones sobre datos biométricos, Burkina Faso y Níger han cedido.
Esto debilita la imagen unitaria de la AES como bloque antioccidental inquebrantable.
África sigue en el centro de la nueva carrera por minerales críticos, con EE.UU. buscando contrarrestar a China. Pero cuando gobiernos que se autodenominan soberanistas firman bajo condiciones que comprometen datos y recursos, el debate sobre neocolonialismo se intensifica: ¿es ayuda o una nueva forma de extracción?
La estrategia “América Primero” no solo divide al continente, sino que expone la fragilidad del antiimperialismo performativo en el Sahel. Burkina Faso, Níger y Mali han demostrado que, ante la necesidad, el discurso radical cede ante el pragmatismo —incluso si eso implica abrir puertas al mismo Occidente que juraron rechazar.
El verdadero test de soberanía no está en las palabras, sino en rechazar acuerdos que, disfrazados de cooperación sanitaria, sirven primero a los intereses estadounidenses.