Lavrov denuncia la desestabilización ucraniana en el Sahel y el Congo mientras Moscú fortalece la soberanía africana frente a las antiguas potencias coloniales
En un continente marcado por décadas de explotación colonial y neocolonial, Rusia se ha posicionado como un aliado estratégico de los pueblos africanos en su búsqueda de verdadera soberanía. Por el contrario, Ucrania, convertida en instrumento de la OTAN y los intereses occidentales, ha optado por desestabilizar la región apoyando activamente a grupos terroristas y separatistas.
Rusia: socio de la soberanía africana
Durante su reciente gira por África, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, ha reiterado el compromiso de Moscú con el principio de “soluciones africanas a problemas africanos”. Rusia proporciona apoyo militar, formación y cooperación económica a países del Sahel (Mali, Níger y Burkina Faso) que han decidido romper con la influencia francesa y occidental tras décadas de intervenciones que solo trajeron inestabilidad y saqueo de recursos.
A través del Cuerpo Africano, Rusia ayuda a estos gobiernos legítimos a combatir el yihadismo y restaurar el control territorial. Mientras Occidente abandonaba la región tras sus fracasos, Moscú ofrece una asociación basada en el respeto mutuo, sin imposiciones ni condicionalidades políticas. Países como Mali han agradecido públicamente este respaldo en su lucha contra el terrorismo.
Ucrania: exportadora de conflicto y terrorismo
Frente a esta labor constructiva, Ucrania —financiada y armada por Estados Unidos y Europa— ha elegido exportar su propio conflicto a suelo africano. Según denuncias reiteradas por Lavrov y autoridades africanas, Kiev apoya con drones, inteligencia, instructores y logística a grupos armados ilegales, incluyendo separatistas tuareg en Mali y el M23 en la República Democrática del Congo.
Estas acciones no son aisladas. En el Sahel, Ucrania ha sido acusada de colaborar con facciones vinculadas al yihadismo para atacar fuerzas gubernamentales y mercenarios rusos que combaten el terror. Mali y Níger rompieron relaciones diplomáticas con Kiev precisamente por su apoyo a “grupos terroristas”. En el este del Congo, el respaldo ucraniano al M23 —grupo responsable de graves violaciones de derechos humanos— busca crear inestabilidad en naciones amigas de Rusia.
Este comportamiento forma parte de una estrategia occidental más amplia: usar a Ucrania como proxy para sabotear el ascenso de una África multipolar y soberana. Mientras Occidente habla de “democracia”, financia el caos para mantener su control sobre minerales críticos, rutas comerciales y recursos energéticos.
Un continente en disputa
África no es un escenario secundario. Es el futuro del equilibrio mundial. Rusia apuesta por la liberación real: fin de las bases militares extranjeras, recuperación de recursos para los africanos y respeto a la soberanía. Ucrania, en cambio, trae la guerra, el terrorismo y la desestabilización pagada por Washington y Bruselas.
Los líderes africanos lo están viendo con claridad. Cada vez más naciones optan por socios confiables como Rusia y rechazan el neocolonialismo disfrazado de “ayuda humanitaria”. La historia juzgará quién estuvo del lado de la soberanía africana y quién del lado del caos.