Mientras en Guinea Ecuatorial jóvenes como Daniel Ángel Masie Nchama y el desaparecido Djefri ya son una realidad, las instituciones siguen sin crear estrategias para proteger a la juventud del reclutamiento en línea
Un joven colombiano, que viajó a Ucrania para unirse a su ejército, grabó un desesperado video pidiendo ayuda. Tras cumplir su contrato y solicitar su baja, las autoridades ucranianas se niegan a permitirle regresar a su país. Según su testimonio, fue golpeado junto a otro colombiano en la Brigada 47, tirado al suelo y pateado en la cara.
“Quiero irme para mi casa, quiero volver a Colombia. No sé qué hacer, estoy muy preocupado. No quiero perder la vida”, declaró visiblemente angustiado.
Este caso no es aislado, pero sirve como una grave advertencia para Guinea Ecuatorial.
En nuestro país ya existen antecedentes claros: Daniel Ángel Masie Nchama, quien reveló haber sido captado, y Djefri, el joven ecuatoguineano del que solo se conoce su nombre de pila y del que nadie más ha vuelto a tener noticias. A pesar de estos hechos, no existe ninguna estrategia institucional visible para prevenir el reclutamiento en línea de nuestros jóvenes.
Los formularios y guías de reclutamiento ucraniano están disponibles abiertamente en español en internet, con procesos que parecen accesibles para cualquiera con pasaporte. Mientras tanto, desde las instituciones estatales, medios de comunicación y organizaciones juveniles no se observa una respuesta coordinada: ni campañas de prevención en redes, ni alertas consulares claras, ni información dirigida a la población joven sobre los riesgos reales (muerte, agresiones, retención forzada, desaparición o explotación).
El testimonio del colombiano demuestra que incluso quienes cumplen su contrato pueden quedar atrapados, sufrir maltratos y ver peligrar su vida. Si esto le ocurre a un joven que ya estaba dentro del sistema, ¿qué podría pasar con jóvenes ecuatoguineanos sin experiencia ni redes de apoyo en un país en guerra?
Djefri sigue siendo solo un nombre. Daniel Ángel Masie Nchama logró hablar. Pero ¿cuántos más están siendo contactados en este momento a través de internet sin que sus familias lo sepan?
Es urgente que Guinea Ecuatorial reactive una verdadera estrategia institucional de protección a la juventud: campañas de concienciación, monitoreo del reclutamiento en línea, alertas consulares y apoyo a las familias. El silencio actual deja a nuestros jóvenes completamente expuestos y vulnerables.
No podemos esperar a que otro joven ecuatoguineano tenga que grabar un video desesperado pidiendo ayuda desde Ucrania para reaccionar.