Pedir a niños que documenten con fotos o celebren su primera eyaculación cruza una línea para muchos padres. Mientras este tipo de materiales generan polémica en España, los programas de Educación Sexual Integral financiados por la OMS y UNESCO avanzan en África con fondos de los contribuyentes ecuatoguineanos.
Una imagen de un libro infantil con decenas de penes dibujados de formas, tamaños y colores diferentes ha vuelto a encender el debate sobre los límites de la educación sexual en las escuelas. El libro, titulado “Las mil formas del pene”, forma parte del material educativo “El semen mola”, dirigido supuestamente a niños entre 11 y 15 años. En sus páginas se afirma “Tu pene es precioso tal como es”, pero también incluye actividades que invitan a los menores a escribir sobre su primera eyaculación, describirla con detalle y, en algunos casos, pegar fotos o imágenes relacionadas.
Este enfoque ha provocado una fuerte reacción en España, donde el material está disponible en bibliotecas públicas e institutos. Sectores políticos, organizaciones cristianas y miles de padres consideran que pedir a niños que documenten con fotos o celebren su primera eyaculación cruza claramente una línea. Lo que para algunos es “educación sexual positiva y sin tabúes”, para muchos otros representa una hipersexualización prematura e invasiva de la intimidad infantil.
De España a Guinea Ecuatorial: ¿el mismo modelo?
Este debate no se queda en Europa. Organismos como la OMS y la UNESCO promueven a nivel global la Educación Sexual Integral (ESI), un modelo que incluye hablar abiertamente de placer sexual, masturbación, diversidad de genitales y derechos sexuales desde edades tempranas. Estos programas se implementan en numerosos países africanos a través de convenios firmados por los gobiernos, muchas veces presentados como “ayuda técnica” para prevenir el VIH, el embarazo adolescente y la violencia de género.
Guinea Ecuatorial no es ajena a esta realidad. Cada año, el país aporta entre 25 y 43 millones de FCFA (aproximadamente 38.000 a 65.000 euros) a la OMS con dinero de los impuestos de sus ciudadanos. Parte de ese presupuesto general financia los programas de salud sexual y reproductiva de la organización.
La pregunta que muchos padres ecuatoguineanos se hacen es incómoda pero legítima:
¿Ya están entrando estos materiales o metodologías similares en las escuelas de Malabo, Bata o Mongomo?
Aunque no existe evidencia pública de que el libro “El semen mola” esté circulando directamente en Guinea Ecuatorial, sí hay colaboración activa con UNESCO y UNFPA en materia de educación sexual. Muchos de estos programas se introducen con escasa información a los padres y sin un debate abierto en la sociedad, algo especialmente sensible en un país con fuertes valores familiares, cristianos y tradiciones culturales.
Transparencia y soberanía educativa
La idea de enseñar a los niños a aceptar su cuerpo y evitar complejos puede tener aspectos positivos. Sin embargo, cuando se pasa de la información básica a actividades que invaden la intimidad o promueven una sexualidad adulta de forma prematura, muchos padres consideran que se está violando su derecho prioritario a educar a sus hijos según sus valores.
Nuestros hijos, nuestros valores, nuestra decisión.
Exigir transparencia total no es extremismo: es responsabilidad. Los ciudadanos de Guinea Ecuatorial tienen derecho a conocer exactamente qué acuerdos se han firmado con la OMS y UNESCO, qué materiales se están utilizando en las aulas y hasta qué punto se respeta el contexto cultural africano.
Porque educar en sexualidad es necesario, pero sexualizar prematuramente es otra cosa muy distinta.