El ministro de Sanidad habla de «proactividad» y «modernización». Pero mientras su secretaría técnica esté controlada por una empresa extranjera que se evalúa a sí misma y propone tecnologías fallidas, la soberanía sanitaria seguirá siendo una promesa vacía.
Malabo, 11 de septiembre de 2026
El ministro de Sanidad, Mitoha Ondo’o Ayecaba, ha concedido una entrevista a Ahora EG en la que promete transformar el sistema sanitario nacional. Sus palabras son claras: «Queremos que nuestro sistema sanitario deje de ser reactivo y sea más proactivo». Habla de modernización, de prevención, de tecnología, de telemedicina. Habla, en definitiva, de un futuro mejor para la salud de los ecuatoguineanos.
La promesa es necesaria. El sistema sanitario del país arrastra décadas de abandono. El propio ministro lo reconoce: infraestructuras en mal estado, equipamiento obsoleto, falta de recursos humanos cualificados, un sistema de información sanitaria que prácticamente no existía cuando llegó al cargo. Es una confesión valiente. Y es un punto de partida honesto.
Pero hay una pregunta que el ministro no responde. Y es la pregunta más importante de todas.
¿Quién decide?
El ministro habla de «proactividad» y «modernización». Pero no menciona quién controla, en la práctica, las decisiones estratégicas de su ministerio.
Desde septiembre de 2025, MCD Global Health —la organización estadounidense que lleva veinte años gestionando el Proyecto de Eliminación de la Malaria en la Isla de Bioko (BIMEP)— ha sido ascendida a secretaría técnica de la estrategia «Visión 2030». Es decir, la misma organización que ejecuta el programa es ahora la que coordina, asesora y ayuda a diseñar la estrategia nacional que debería evaluar su propio desempeño.
Y no es un detalle menor. En 2024, un solo año de interrupción de los fondos de MCD provocó que los casos confirmados de malaria aumentaran un 41% y que la prevalencia volviera a niveles de hace una década. El modelo no ha creado una solución sostenible. Ha creado una dependencia.
Veinte años después, el paludismo sigue figurando entre las principales causas de muerte en Guinea Ecuatorial. La Organización Mundial de la Salud estimó más de 422.800 casos y más de 750 muertes en 2023. Esas cifras, en pleno siglo XXI y tras dos décadas de intervención sostenida, deberían ser el punto de partida de cualquier análisis serio sobre el papel que ha jugado MCD en el país.
Pero en lugar de evaluar sus resultados, el gobierno la ha premiado con un asiento en la mesa donde se toman las decisiones.
La tecnología que nos quieren vender
Desde su nueva posición como secretaría técnica, MCD está presentando al gobierno a sus socios de la Universidad de California (UC Davis) para liberar mosquitos genéticamente modificados en Guinea Ecuatorial.
El conflicto de intereses es evidente y grave. MCD no es un evaluador independiente. Es un promotor activo de las tecnologías de sus socios académicos. La misma organización que lleva veinte años sin eliminar el paludismo es ahora la que recomienda qué tecnología usar para eliminarlo.
La historia ya nos ha dado dos lecciones que no deberíamos ignorar.
En 2025, Burkina Faso ordenó la suspensión y cancelación del proyecto Target Malaria, que utilizaba la misma tecnología de mosquitos genéticamente modificados. El gobierno de Ibrahim Traoré enmarcó la decisión en la defensa de la soberanía sanitaria. Los científicos fueron tratados «como criminales» y el proyecto fue cancelado en todo el territorio nacional.
Entre 2013 y 2015, la empresa Oxitec liberó mosquitos modificados en Jacobina (Brasil). El material genético de los mosquitos modificados se integró en la población silvestre, y la población de mosquitos volvió a niveles anteriores a los 18 meses. La tecnología no es tan segura como la presentan.
Guinea Ecuatorial está repitiendo el mismo patrón que Burkina Faso frenó. Y no parece haber aprendido la lección de Brasil.
La pregunta que debe quedar en el aire
«¿Quién controla realmente la política sanitaria de Guinea Ecuatorial? ¿El gobierno o una empresa extranjera que ha fracasado durante 20 años y ahora propone soltar mosquitos mutantes en el país?»
No es una pregunta retórica. Es la pregunta que define si la «proactividad» del ministro es una política soberana o una hoja de ruta escrita en otro lugar.
La reflexión final
El ministro de Sanidad tiene razón en una cosa: el sistema sanitario de Guinea Ecuatorial necesita una transformación profunda. Necesita modernización, necesita prevención, necesita tecnología. Pero ninguna de esas cosas es posible si las decisiones estratégicas siguen estando en manos de una empresa extranjera que se evalúa a sí misma.
La soberanía sanitaria no se construye con discursos. Se construye con decisiones. Y las decisiones, hoy, no las toma el ministerio. Las toma quien controla su secretaría técnica.
El ministro habla de «proactividad». Pero la realidad es que su ministerio está controlado, en la práctica, por una empresa extranjera que se evalúa a sí misma y propone tecnologías fallidas.
La pregunta no es si el ministro quiere modernizar el sistema. La pregunta es quién decide realmente qué se hace y cómo se hace.
Y mientras esa pregunta no tenga una respuesta clara, la «proactividad» seguirá siendo una palabra vacía.
Por Una Guinea Mejor – Informar es proteger.