El desmantelamiento de cinco almacenes en Malabo con medicamentos hechos de harina de yuca no es un caso aislado. Es la prueba de un sistema que permite que productos letales entren al país, pasen por aduanas y se vendan durante años. ¿Quién los deja entrar? ¿Quién los deja operar? La salud del pueblo ecuatoguineano no puede seguir siendo moneda de cambio.
Malabo, 19 de septiembre de 2026
El consejero de la Presidencia en materia de Sanidad, Victoriano Nsue, compareció esta semana en televisión para advertir sobre la venta de medicamentos en mal estado y de dudosa calidad. La noticia, en apariencia, es un logro: un comité multisectorial desmanteló cinco almacenes en Malabo donde se almacenaban estos productos.
Pero la noticia real no es que se hayan desmantelado cinco almacenes. La noticia real es que esos almacenes llevaban años operando. Y la pregunta que nadie hace es: ¿cómo lograron entrar al país? ¿Cómo pasaron por la aduana? ¿Cómo operaron durante años sin que nadie los detuviera?
La composición: harina de yuca y colorantes
Los fármacos incautados estaban elaborados principalmente con harina de yuca, colorantes y sustancias químicas desconocidas. No curaban. No aliviaban. No tenían ningún principio activo.
Y sin embargo, se vendían como medicamentos.
Cada persona que compró uno de esos productos no solo perdió su dinero. Perdió tiempo. Perdió la oportunidad de tratarse con un medicamento real. Y en casos graves, pudo haber perdido la vida.
Esto no es un delito menor. Es un atentado contra la salud pública. Y quienes lo permitieron, con su negligencia o su complicidad, son responsables.
Las preguntas que nadie hace
La noticia oficial se limita a anunciar el desmantelamiento de los almacenes y a pedir a los propietarios de clínicas y farmacias que regularicen su situación. Pero hay preguntas más profundas que no se están haciendo:
| Pregunta | Por qué es importante |
|---|---|
| ¿Cómo entraron esos medicamentos al país? | Si pasaron por la aduana, alguien los dejó pasar. |
| ¿Quién controla la importación de medicamentos? | Si no hay un registro, cualquiera puede importar cualquier cosa. |
| ¿Cuántos años llevaban operando esos almacenes? | Si llevaban años, ¿por qué se descubren ahora? |
| ¿Hay una institución reguladora que debería haber actuado antes? | Si existe, ¿por qué no lo hizo? |
| ¿Qué pasa en Bata y en otras ciudades? | Las inspecciones se hicieron en Malabo. ¿Y en el resto del país? |
| ¿Habrá sanciones para los responsables? | Si solo se cierran los almacenes, el problema se repetirá. |
Estas preguntas no son un ataque al gobierno. Son preguntas que cualquier ciudadano tiene derecho a hacer. Porque la salud no es un privilegio. Es un derecho.
La falta de consideración
Cuando un medicamento falso entra al país, no es solo un problema de aduanas. Es un problema de consideración.
Quien permite que esto ocurra está diciendo, con hechos, que la salud del pueblo ecuatoguineano no le importa. Que da igual si la gente se cura o no. Que lo importante es que el negocio siga funcionando.
No es solo negligencia. Es falta de consideración. Es tratar la salud como una mercancía más. Es permitir que se juegue con la vida de la gente.
La falta de liderazgo institucional
Guinea Ecuatorial tiene instituciones. Tiene un Ministerio de Sanidad. Tiene aduanas. Tiene organismos de control. Pero las instituciones no funcionan si quienes las dirigen no las hacen funcionar.
| Lo que debería pasar | Lo que pasó |
|---|---|
| La aduana controla la entrada de medicamentos | Los medicamentos entraron sin control |
| El Ministerio de Sanidad inspecciona farmacias y clínicas | Las inspecciones se hicieron tarde |
| Hay un registro de productos autorizados | No hay evidencia de que exista |
| Se sanciona a los responsables | Aún no se sabe si habrá sanciones |
La falta de liderazgo institucional no es solo una ausencia. Es una decisión. Es decidir no actuar. Es decidir no controlar. Es decidir no proteger.
Y mientras no haya consecuencias para quienes permiten esto, seguirá ocurriendo.
La falta de amor al pueblo
Hay una frase que se repite en Guinea Ecuatorial: «Guinea Ecuatorial depende de vosotros». Se dice en los discursos. Se repite en las ceremonias. Pero la realidad es que muchos de los que dirigen el país no aman al pueblo al que dicen servir.
Si amaran al pueblo, no permitirían que entraran medicamentos falsos. Si amaran al pueblo, no dejarían que se vendieran durante años. Si amaran al pueblo, no permitirían que la salud fuera un negocio para unos pocos y un riesgo para todos.
El amor al pueblo no se demuestra con discursos. Se demuestra con acciones. Y las acciones, hasta ahora, no han estado a la altura.
La pregunta que debe quedar en el aire
«¿Cómo entraron esos medicamentos al país? ¿Quién los dejó pasar? ¿Cuántos años llevaban operando? ¿Y cuántos almacenes más siguen abiertos mientras lees esto?»
No es una pregunta retórica. Es la pregunta que define si este problema se va a resolver o solo se va a maquillar con un par de inspecciones y una advertencia en televisión.
Conclusión
El desmantelamiento de cinco almacenes en Malabo no es un logro. Es una admisión de fracaso. Es reconocer que durante años, un sistema permitió que medicamentos falsos entraran al país, pasaran por las aduanas y se vendieran a la población.
Las autoridades han empezado a actuar. Pero la pregunta es si estas medidas serán suficientes o si se quedarán en un par de inspecciones y una advertencia en televisión.
La salud del pueblo ecuatoguineano no puede seguir siendo moneda de cambio. No puede seguir siendo un negocio para unos pocos y un riesgo para todos. No puede seguir siendo ignorada por quienes tienen la responsabilidad de protegerla.
La soberanía sanitaria no se logra con inspecciones reactivas. Se logra con un sistema de control permanente, con formación de profesionales locales y con la capacidad de decidir qué medicamentos entran al país y en qué condiciones. Y, sobre todo, se logra con amor al pueblo.
Por Una Guinea Mejor – Informar es proteger.